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EL ESTUDIANTE DE ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y SU RELACIÓN CON LA
UNIVERSIDAD
THE BUSINESS ADMINISTRATION STUDENT AND ITS RELATIONSHIP WITH THE
UNIVERSITY
Maryorie Nataly Varela Vielma
1
Universidad Internacional del Ecuador
1
mavarelavi@uide.edu.ec
1
Maryorie Nataly Varela Vielma
1
https://orcid.org/0000-0002-3168-8106
Recibido: 14-may-2023 Aceptado: 5-jun-2023
Clasificación JEL: I21, I23, R5, Z13, A22
RESUMEN
El estudiante universitario en su proceso de aprendizaje, pasa por un sinfín de situaciones, siendo su nivel
de compromiso e involucramiento, aspectos clave en la respuesta a dichos eventos. El objetivo de esta
investigación fue estudiar hechos, comprender relaciones y proponer acciones para mejorar el nivel de
involucramiento del estudiante con la universidad. El estudio se realizó con 66 estudiantes de la carrera
Administración de Empresas, Universidad Metropolitana del Ecuador en Quito, de forma descriptiva,
cualitativa, bajo la consulta de enfoques como la distinción entre estudiante joven y adulto, la formación
docente, caos social, otros, con el uso de observación científica, directa, individual, sistemática. Se
evidenció que cada estudiante, posee necesidades de aprendizaje muchas veces desatendidas, en gran parte
debido al carácter estándar del proceso de enseñanza. Impera la búsqueda permanente de métodos de
aprendizaje que garanticen presencia, involucramiento y entendimiento del futuro Licenciado en
Administración dentro del sistema educativo.
PALABRAS CLAVE: Estudiante Universitario, Aprendizaje, Administración de Empresas, Enseñanza,
Involucramiento.
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ABSTRACT
The university student in his learning process, goes through an endless number of situations, being his level
of commitment and involvement, key aspects in the response to said events. The objective of this research
was to study facts, understand relationships and propose actions to improve the level of student involvement
with the university. The study was carried out with 66 students of the Business Administration career,
Metropolitan University of Ecuador in Quito, in a descriptive, qualitative way, under the consultation of
approaches such as the distinction between young and adult students, teacher training, social chaos, others,
with the use of scientific, direct, individual, systematic observation. It was evidenced that each student has
learning needs that are often neglected, largely due to the standard nature of the teaching process. The
permanent search for learning methods that guarantee the presence, involvement and understanding of the
future Graduate in Administration within the educational system prevails.
KEYWORDS: University Student, Learning, Business Administration, Teaching, Involvement.
JEL CODES: I21, I23, R5, Z13, A22
INTRODUCCIÓN
El desenvolvimiento del estudiante en las materias objeto de estudio, ha sido un tema de
preocupación personal y compartido con otros docentes de Escuelas de Administración de Empresas. De
allí, que la justificación por la cual se plantea esta investigación, parte de estudiar hechos y acciones de
estudiantes de Administración de Empresas de una universidad ecuatoriana, para comprender las relaciones
que se han construido entre ellos y con base en ello, proponer acciones que permitan mejorar el nivel de
involucramiento de los estudiantes con la universidad.
Como principales antecedentes bibliográficos analizados para sustentar el estudio, se consideró el
de Barragán (2020), sobre la experiencia estudiantil en la universidad, el de Lay-Hwa-Bowden, Tickle y
Naumann (2021), acerca del compromiso del estudiante con la institución en la que estudia, Silas (2021),
quien aborda la comprensión del estudiante tanto a nivel individual como de grupo, y en lo que respecta al
estudio del sistema educativo, los aportes de Bernabé, Suárez, Espinoza, Armijos y Medina (2022), y
Madrid (2019).
Así, como punto de partida a este estudio, se consideró la definición que la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2008) señala como educación
inclusiva: “un proceso de fortalecimiento de la capacidad del sistema educativo para atender a todos los
educandos (…) tiene por objeto eliminar la exclusión social como consecuencia de actitudes y respuestas a
la diversidad en términos de raza, clase social, origen étnico, religión, género y aptitudes(pp. 6,12). En
cuanto tal, parte de la convicción que la educación es un derecho humano fundamental y el cimiento de una
sociedad más justa. Si bien esta definición es aplicada al ámbito escolar pre-universitario, se puede extender
a los espacios universitarios, en los cuales se maneja una dinámica similar: un docente espera que su grupo
de alumnos sean partícipes de su clase y estos últimos, tomar parte de una clase en la que el profesor y
compañeros de grupo, atiendan sus diversidades sin ser objeto de exclusión. Bajo el criterio de Cornejo
(2017), diversidad (en la escuela) se entiende como diferencias personales e individuales que hacen que
cada estudiante sea distinto de todos los demás, es decir, sea un ser único e irrepetible.
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También merece señalar lo que Cornejo (2017) explica sobre atención a la diversidad: “conjunto
de actuaciones educativas dirigidas a dar respuesta a las diferentes capacidades, ritmos y estilos de
aprendizaje, motivaciones e intereses, situaciones sociales, culturales, lingüísticas y de salud del alumnado”
(p. 80). En esta investigación es relevante el concepto de diversidad y su atención, puesto que se hizo uso
de la observación para comprender qué tipo de necesidades de aprendizaje posee cada estudiante o grupo
de estudiantes objeto de estudio y darles una respuesta educativa más oportuna.
En oposición al primer concepto, es decir, al de educación inclusiva, conviene precisar un concepto
de exclusión. Basado en Jiménez et al. (2009), se puede concebir como un fenómeno relacionado con la
pérdida o la negación de derechos esenciales que definen un individuo, grupo o ciudadanía social, es decir,
en entornos que muy bien se podrían trasladar al ámbito académico.
Ante la posición de estos conceptos, es preciso además exponer lo que Herrera, Parrilla, Blanco y
Guevara (2018), han definido como el proceso de formación del profesor en la educación superior, puesto
que, para los autores, los profesores presentan en su interior variadas manifestaciones o diversificaciones.
El profesor como práctico, adopta prácticas tradicionales y considera que en la educación especial la
experiencia se identifica como fuente del aprendizaje del profesor. El profesor como especialista, que
concibe al profesional formado a partir de conocimientos científicos y culturales, conceptos y estructura
disciplinar de la materia que enseñan, que le son transmitidos. El profesor como técnico, capaz de convertir
el conocimiento científico producido por otros, en reglas de actuación sobre cómo actuar, lo que le hace
incapaz de dirigir la práctica y ayudar a su reconstrucción. El profesor como persona, cuya formación está
más atenta a las características individuales y personales, cuya educación depende, de biografías
particulares, personalidades concretas. Y finalmente, el profesor como práctico-reflexivo, que sobrepone
lo crítico plantea la necesidad de superar la racionalidad técnica y propone una orientación crítica en la
formación.
Un instrumento básico de aprendizaje es la reflexión, en conjunto con el compromiso ético y social
de búsqueda de prácticas educativas más justas y democráticas, a fin de disar programas formativos
basados en currículos abiertos, orientados a la indagación, que enfatizan los elementos cognitivos de la
actividad del profesional de apoyo, así como la construcción del conocimiento que supone dicha actividad
(Herrera et al., 2018).
En la primera parte del estudio, se presentarán los preceptos teóricos de este, seguido de la
metodología empleada, los resultados obtenidos y las conclusiones derivadas.
MARCO TEÓRICO
Relación estudiante-universidad
El estudiante universitario de Administración de Empresas, al igual que el de cualquier otra
carrera, busca lograr obtener un título académico que le permita desempeñarse laboralmente de acuerdo
con el perfil del egresado que, pese a que cada institución universitaria lo adecúa a su filosofía de gestión,
se orienta a ser un líder de la gestión empresarial, promotor de proyectos de emprendimiento e innovación;
un profesional íntegro, quien tanto dentro como fuera del ámbito académico adopta una conducta ética, con
pensamiento crítico e iniciativa, capaz de diseñar y ejecutar planes de negocio ya sea para iniciativa propia
o para otras empresas, con el desarrollo de ventajas competitivas que permitan su posicionamiento en
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mercados locales y/o extranjeros (Universidad Internacional del Ecuador [UIDE], 2021; Universidad San
Francisco de Quito [USFQ], 2022).
En cuanto al proceso de aprendizaje del estudiante universitario, diversos autores han estudiado
formas en que el alumno se desenvuelve en la institución académica donde estudia.
Barragán (2020), analiza alternativas de indagación, cercanas a la sociología, utilizadas para comprender
la experiencia estudiantil en la universidad. Por un lado, Dubet (2005), citado por Barragán (2020),
conviene que el análisis se realice con la distinción entre estudiante joven y adulto.
En efecto, los jóvenes habitan un mundo lejano del de los adultos; en consecuencia, una forma de
entenderlos es enfocarse en su participación en grupos (políticos, sociales, deportivos, juveniles, etc.), en
consumos (desde música hasta drogas) o en cualquier dimensión que muestre sus singularidades (Pinzón,
Garay y Suárez, 2008, citados por Barragán, 2020, p. 149).
Otros autores que indagan sobre el estudiante, lo presentan como extraño, atípico; contraventor de
actividades institucionales, (…) de un orden social o de la imagen ideal de “buen estudiante” (Barragán,
2020, p. 149).
De esta manera, los autores que indagan sobre el estudiante universitario, agrupan diferencias y
semejanzas conductuales que permiten vislumbrar las complejidades surgidas de sus interpretaciones. De
allí que Barragán (2020), analizó los aportes de un conjunto de autores, y encontró que aunque aspectos
como la formación poseen un rol relevante en la relación del estudiante y su carrera universitaria, son
sus experiencias las que dan la pauta a cambios en los individuos, su vinculación a comunidades o
dinámicas de sectores del conocimiento, y los cambios abruptos que se han presentado en la sociedad que
conforma su entorno inmediato.
Para acceder a la educación universitaria, los estudiantes se enfrentan a un contexto de caos social,
que influye en su experiencia académica. En el proceso formativo del estudiante, se conjugan recursos
económicos, físicos y esfuerzos intelectuales, en un entorno en el que se generan conflictos en áreas como
salud, trabajo y educación, que deprimen sus derechos y empañan su futuro. Bajo ese contexto, dentro de
la universidad se tejen relaciones entre las cuales el estudiante ve influenciado su comportamiento, que
trasciende su vida (Barragán, 2020).
La relación del estudiante y la universidad, implica más que el hecho de estudiar. El estudio se
combina con actividades deportivas, laborales, sociales, recreativas, familiares, entre otras, que requieren
una inversión de tiempo y esfuerzo, que en muchos casos supera la empleada en su proceso formativo en
los espacios universitarios, e incluso pueden distar de este. Por lo tanto, el binomio estudiante-universidad
comprende mucho más que estudiar, pero con la clara aceptación de que el estudio es la principal actividad
(Barragán, 2020).
En el proceso de adaptación de los estudiantes a la universidad, influye además, las expectativas
que ellos tengan sobre el tipo de formación que recibirán, que depende de las vivencias que experimente a
lo largo del período de estudio. La mayor o menor brecha entre la expectativa y la realidad, afecta al
estudiante de manera emocional, cognitiva y motivacional, según su nivel de autonomía, madurez y al nivel
de apoyo que reciban tanto de la universidad en su conjunto, como de la facultad, escuela o carrera dentro
de la cual se desempeñen (Barragán, 2020).
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En las últimas décadas, y conforme se recrudece la situación económica a nivel global, la
experiencia universitaria es compartida con la laboral, ya sea con ocupaciones que no están relacionadas
con la carrera en estudio, o con empleos que permitan al estudiante comenzar su trayectoria profesional.
Esta condición laboral, incide en el desempeño académico del estudiante, pues aunque amplía sus
oportunidades de trabajo futuras, en muchos casos tiende a limitar su rendimiento. Por otro lado, el contexto
de inestabilidad económica y crisis social genera en el estudiante una creciente incertidumbre sobre el futuro
post universidad, aunado a un sentimiento de deseperanza (Barragán, 2020).
De esta manera, frente a las crisis económicas y sociales, la universidad se presenta ante el
estudiante como un espacio aprovechable para desarrollar potencialidades, construir proyectos, generar
ideas, buscar alternativas de solución o incluso refugiarse del caos externo. Ya que “(…) es su tarea
apropiarse de lugares que se convierten en el centro de sus vidas” (Barragán, 2020, p. 162).
Por su parte, Lay-Hwa-Bowden, Tickle y Naumann (2021), estudian la experiencia del estudiante
de tercer nivel (pre-grado) dentro de la universidad, con énfasis en el compromiso de este con la institución
en la que estudia. Para ello, parte de la noción histórica de medición de la experiencia, basada en enfoques
pedagógicos, prácticas educativas y evaluaciones por parte de los estudiantes hacia la práctica docente, con
el fin de proporcionar a la institución universitaria, información acerca de la experiencia del estudiante,
como una medida de cumplimiento de sus expectativas.
Es así como los autores entienden el compromiso de los estudiantes como un conjunto de
interacciones realizadas por un ecosistema integrado no solo por los alumnos, sino también por los
profesores, el personal de apoyo, otras instituciones, que contribuyen con la creación de las experiencias
del estudiante. El compromiso implica esfuerzo, persistencia, concentración, atención, consideración, así
como el manejo de respuestas emocionales como interés, felicidad, tristeza, aburrimiento, ansiedad, es
decir, el manejo de dimensiones cognitivas, sociales, emocionales y conductuales (Lay-Hwa-Bowden et.
al., 2021).
Del lado de la institución universitaria, su intervención en el entorno del estudiante es clave para
la generación de compromiso por parte del alumno, por lo que se espera de ellas la generación de
condiciones para la interacción y participación del estudiante en la dinámica universitaria, el “diseño de
experiencia” (Lay-Hwa-Bowden et. al., 2021, p. 1221).
Necesidades y debilidades de los sistemas de aprendizaje
Dada la existencia “de millones de estudiantes universitarios, provenientes de diferentes
experiencias formativas previas, antecedentes familiares y comunitarios, así como supuestos y expectativas
respecto a la formación superior, lo que implica una diversidad enorme (…) [surge] de ahí la necesidad de
comprender a los estudiantes como grupo y como individuos” (Silas, 2021, p. 8).
Sin embargo, la gran mayoría de producciones científicas relacionadas con el estudiante
universitario, provienen principalmente de Estados Unidos y el resto de Norteamérica, por lo que impera la
necesidad de realizar más estudios sólidos en la materia, en América Latina. De esta manera se podría
reforzar la comprensión del vínculo entre los estudiantes y estos sistemas universitarios, “(…) lo que de
entrada es positivo; sin embargo, se queda corto en favorecer la comprensión de las sutilezas y
peculiaridades de funcionamiento de instituciones homólogas en otras latitudes” (Silas, 2021, p. 8).
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En este sentido, Pedraza (2022), concuerda con la “necesidad de recopilar datos educativos que
las instituciones de educación superior pueden implementar en servicios de apoyo, para ayudar en el
aprendizaje de los estudiantes, [pues](…) cada vez son más las instituciones educativas interesadas en
conocer más de esta tendencia y sus alcances” (p. 151).
Atender y ayudar a adquirir buenas prácticas del estudiante, implica un valor agregado que les
facilita su desarrollo formativo en el ambiente universitario. Aun a, no siempre tales buenas prácticas se
traducen en mejores rendimientos académicos. Es por ello que el entorno universitario busca el desarrollo
de capacidades no influyentes directamente en las calificaciones estudiantiles, como el trabajo cooperativo.
El “comenzar a estudiar las buenas prácticas de aquellos estudiantes que resultan más exitosos, [centra] la
atención de profesores e investigadores del ámbito educativo en aquellos comportamientos concretos que
se deben potenciar, para mejorar el aprendizaje de los alumnos y su rendimiento en el entorno universitario”
(Delgado, León y Romero, 2022, pp. 189-190).
Como principales debilidades encontradas en lo que respecta a los sistemas de aprendizaje
universitario, no se percibe una gran preocupación por proveer a los estudiantes de los recursos requeridos
para ello, ya que la inversión en la evaluación y capacitación de estrategias del aprendizaje, lectura y
escritura es deficiente. Paradójicamente muchos docentes desconocen técnicas de estudio, pues se enfocan
principalmente en las estrategias de enseñanza y contenido a impartir (Bernabé, Suárez, Espinoza, Armijos
y Medina, 2022).
Al comparar dos estudios realizados a estudiantes universitarios, uno de Ecuador y otro de México,
se pueden notar las siguientes diferencias:
En cuanto a género: en Ecuador, el 51,87% mujeres y el 48,13 hombres (Stefos, 2019), muy similar
al caso mexicano, en el cual, el 51% de estudiantes universitarios son mujeres y el 49% hombres (López y
Esquivel, 2021). En cuanto al tipo de universidad donde cursan estudios: en Ecuador, el 66,60% estudian
en universidades públicas y el 32,54% en privadas, mientras que en México, aun cuando sigue la misma
tendencia, un mayor % de estudiantes cursan en universidades púbicas (81,2%) y el resto en privadas
(18,8%).
En resumen, es destacable el análisis que Madrid (2019), señala en torno al sistema educativo
universitario, especialmente el ecuatoriano:
Existe un sistema educativo nacional para dos mundos diferentes. No se trata de dos sistemas
educativos sino de una totalidad que integra dos mundos funcionales entre sí. Los que mandan y
los que obedecen forman su disciplina a largo de años (…) Se vuelve pertinente preguntar: ¿qué
tipo de educación tenemos? ¿Para qué la educación? (…) La transformación radical del
modelo educativo es, entonces, no solo un mecanismo para mejorar las calificaciones, sino un
imperativo para el crecimiento de generaciones en condiciones de libertad (pp. 15,16).
Rol del docente universitario
Durante el primer encuentro del alumno con la universidad, se generan expectativas acerca de su
proceso de formación, siendo el desempeño del docente un factor neurálgico en el momento de contrastar
si fueron o no satisfechas tales impresiones en el estudiante. Si el profesor, sin formación ni argumentos,
asume una posición pasiva alejada al ideal del alumno, incidirá negativamente en su rendimiento y por
ende, en la experiencia universitaria (Barragán, 2020).
De este modo, el rol del docente, de acuerdo con Fernández (2011), trasciende hacia una función
activa, al pasar de un transmisor de conocimiento, a un impulsor del aprendizaje, lo cual debe verse
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reflejado en sus clases, en una dinámica que conjuga las formas de actuación del profesor, de acuerdo con
los objetivos planteados para el desarrollo de sus materias, tal y como se resume en el siguiente cuadro:
Tabla 1.- Relación entre objetivos, competencias y formas de actuación del docente
Fuente: Elaboración propia, a partir de Fernández (2011), Zabalza (2002), (Varela, Furniel y Contreras,
2019).
METODOLOGÍA
En este estudio, se hizo uso de la observación científica directa, individual y sistemática.
Por medio de la Observación, se identifican los problemas de los sujetos del estudio, tal como lo
establece Díaz (2010), al señalar que observar científicamente, significa tener un objetivo claro para
observar, dado que el investigador sabe qué y para qué quiere realizar dicha observación, lo cual implica
una cuidadosa preparación. Por su parte, una observación es directa cuando “el investigador se pone en
contacto personalmente con el hecho o fenómeno que trata de investigar” (p.8) y al ser realizada por una
sola persona, ya sea por el carácter individual de la información o porque dentro de un grupo se le ha
encargado a una persona una parte de la observación para que la realice sola, se trata de una observación
individual.
El objeto de observación, en este estudio, fue constituido por los estudiantes de la Carrera
Administración de Empresas de la Universidad Metropolitana del Ecuador, sede Quito, cursantes de cuatro
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(04) de las materias que formaban parte de la malla académica de la carrera para el año 2019:
Microeconomía: 27 estudiantes, Comportamiento del consumidor: 25 estudiantes y Balanced Scorecard:
14 estudiantes, con un total de sesenta y seis (66) estudiantes. Para el caso de las primeras dos, se pueden
encontrar estudiantes del primero al noveno semestre de la carrera; para las dos últimas, estudiantes del
área profesional o unidad de integración curricular.
Para seleccionar la muestra, se aplicó un muestreo no probabilístico por cuotas, al tener en cuenta
que la población estudiada tuviera como característica común, que los estudiantes conformen los cursos
impartidos por la investigadora (Microeconomía, Comportamiento del consumidor y Balanced Scorecard)
y así poder disponer de espacios para la observación directa.
Al tratarse de una observación directa e individual, y en correspondencia con lo señalado por az
(2010), se mantuvo un contacto personal entre la investigadora y los estudiantes dentro de las aulas, en el
proceso de clases durante el semestre de estudio.
Durante un período de dos meses, se observó el desempeño semanal de los estudiantes
especificados anteriormente, cuya información se recoge en una guía de observación, aplicada en cada uno
de los tres cursos, durante ocho semanas, en cada clase impartida, por lo cual se obtuvo información de
cuarenta (40) clases en total: 16 de Microeconomía, 16 de Comportamiento del Consumidor, 8 de Balanced
Scorecard. Esta guía de observación fue elaborada con base en el ejemplo propuesto por Hernández y
Mendoza (2018, p. 448).
La mencionada guía de observación aplicada, está estructurada en los siguientes criterios: género,
edad, si el estudiante trabaja, la frecuencia de las asistencias a clase, la disposición a atender a clase, la
participación en cada clase, el rendimiento académico, la interacción alumno-profesor, la interacción entre
los mismos alumnos.
RESULTADOS
A continuación, se presentan los resultados de la aplicación del instrumento, en los tres cursos de
la muestra.
Tabla 2.- Consolidación de la información obtenida de la clase de Microeconomía
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Fuente: elaboración propia.
Tabla 3.- Consolidación de la información obtenida de la clase de Comportamiento del Consumidor
Fuente: elaboración propia.
Tabla 4.- Consolidación de la información obtenida de la clase de Balanced Scorecard
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Fuente: elaboración propia.
DISCUSIÓN
De acuerdo con el objetivo planteado, los siguientes resultados obtenidos de la comparación de
las guías de observación consolidadas por asignatura impartida, corresponden a las relaciones construidas
por los estudiantes de Administración de Empresas de la universidad ecuatoriana elegida para el estudio.
En cuanto al género, salvo en el curso de Balanced Scorecard, los estudiantes por lo general, de
manera individual, prestan atención a la clase indistintamente de si son hombres o mujeres. Sin embargo,
su nivel de atención disminuye considerablemente, cuando se sientan junto a estudiantes con quienes
comparten alguna afinidad.
Por otro lado, con relación a la edad, se observó que los estudiantes más jóvenes (<= 25 años)
tienden a encontrar más elementos distractores que le impiden atender la clase. Una vez más, el curso de
Balanced Scorecard escapa de esta tendencia, pues la edad no parece influir en el nivel de atención de los
estudiantes, junto al hecho de que dicha clase estuvo caracterizada por ser el grupo más pequeño, compuesto
por catorce estudiantes.
El criterio trabajo viene dado al estatus laboral de cada estudiante. En este caso, se observó la
presencia de elementos diferenciadores entre los estudiantes quienes poseen compromisos laborales y
aquellos quienes no los tienen, en el entendido que dicha información fue solicitada al principio del
semestre. De esta manera, se pudieron advertir tanto similitudes como diferencias entre un curso y otro.
Como similitud se percibió que en las asignaturas con horario nocturno, los estudiantes que frecuentemente
llegaban tarde eran los que trabajaban, siendo los que no laboraban los más puntuales. Como diferencia se
notó un mayor número de inasistencias en los estudiantes de la materia de Microeconomía, quienes además
trabajaban, a diferencia de aquellos quienes solo se dedican a sus estudios universitarios, en contraste con
los alumnos de Comportamiento del Consumidor, cuya asistencia en los estudiantes con empleo formal fue
más frecuente en aquellos mayores de 25 años, a diferencia de los trabajadores menores de esa edad.
Con relación a la asistencia, es decir, la cantidad de veces que cada estudiante acudió a su
respectiva clase, en general a cada uno de los cursos, se apreció una tendencia favorable a asistir a las clases
de Microeconomía y Comportamiento del Consumidor, pues más del 70% de los estudiantes acudían a
estas. Esta situación conlleva a concluir que el horario de los cursos influye directamente en la asistencia a
estos, al ser más concurridas las aulas de horario nocturno que matutino sabatino.
La disposición a atender la clase, fue concebida en esta investigación como la capacidad de cada
estudiante, de escuchar y observar a la docente y las presentaciones de esta, sin prestar mayor interés en los
elementos del entorno que pudieran haber actuado como distractores: otros alumnos, el teléfono móvil, el
estado del tiempo, los artículos de escritorio, alimentos, entre otros. Asimismo, en lo que respecta a dicho
criterio, se percibió un comportamiento similar en los cursos nocturnos, es decir, Microeconomía y
Comportamiento del Consumidor, caracterizado por una baja disposición por parte de los estudiantes a
atender la clase, y en su lugar hablar entre ellos, distraerse y abstraerse. En cuanto al curso sabatino, se
apreció una diferencia entre la disposición de los estudiantes y su nivel de comprensión, pues aun cuando
la primera fue notablemente mayor que para el caso de los otros cursos, su nivel de comprensión definido
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por su grado de respuesta a las interacciones propiciadas con preguntas sobre lo visto en clase, fue muy
bajo.
La participación de los alumnos se refiere a la cantidad de veces que cada estudiante realiza una
intervención en clase, ya sea para efectuar una pregunta, manifestar una inquietud o realizar un comentario,
que se vincule al tema de desarrollo, por lo que de este comportamiento se puede identificar si el estudiante
se encuentra involucrado con la dinámica del aula, si comprende los contenidos impartidos, o si por el
contrario, no refleja estas actitudes. En cuanto a este criterio, se pudo observar que en general la
participación de los estudiantes en la clase es menor o igual al 12% de estos, lo que permite evaluarla como
baja, salvo en casos en que la docente estimula a la participación con calificación, como por ejemplo, puntos
para el examen o el que los avances del trabajo final sean calificados. El estudiante participa por obligación,
no por voluntad.
El rendimiento académico fue considerado en esta investigación, como el resultado cuantitativo
del desempeño académico de cada estudiante, traducido en sus calificaciones finales: si su nota fue entre
90 y 100 puntos se considera máximo, entre 70 y 75 punto mínimo, calificación media o regular y por
debajo de 70, bajo. De acuerdo con lo observado, el curso con el mayor rendimiento fue el de
comportamiento del consumidor, pues en el resto de los cursos los estudiantes presentaron calificaciones
regulares, apenas las necesarias para aprobar. En este criterio se valoró también el porcentaje de estudiantes
quienes dejaron de asistir a clases, el cual fue por debajo de 5%. Este resultado sugiere la necesidad de
revisar si las razones de las bajas y regulares calificaciones están relacionadas al resto de los criterios o a
otras variables no contempladas en el estudio, tales como culturales, generacionales o de otra índole. De
igual manera, se hace evidente la inclusión de la variable desempeño docente y su responsabilidad en
brindar las posibilidades para que el estudiante se involucre y comprometa en su proceso de aprendizaje.
Los espacios de interacción alumno-profesor, son entendidos en esta investigación, como las
actividades que el docente realiza con respecto a cada curso, aparte de las clases: revisión de ejercicios
prácticos en clase, revisión de avances del producto integrador (trabajo final de semestre) en conjunto con
cada grupo de trabajo, revisión de deberes solicitados a alumnos con muy baja calificación, en conjunto
con el estudiante. Este último se aplicó a los estudiantes del curso de Microeconomía, pues al ser sus
contenidos en su mayoría prácticos, se les otorla oportunidad de recuperar bajas calificaciones con la
elaboración de otros ejercicios, los cuales también expusieron a la docente. De estos espacios resaltan como
apreciaciones: i) las actividades de interacción alumno-profesor, pueden variar de acuerdo a la naturaleza
de la asignatura a impartir, así como al tipo de tema a abordar; ii) ambos formatos de entrega, oral mediante
presentación y escrito por medio de un deber, ejercicio u otro tipo de documento, constituyen clara
evidencia de la comprensión y aprendizaje del estudiante sobre el curso.
Finalmente en lo que respecta al criterio de interacción entre alumnos, dada por las formas en que
los estudiantes se comunican entre sí, han sido comunes: división espontánea en grupos, tanto para entrar,
permanecer y salir juntos de la clase, como para realizar los deberes, aun cuando la instrucción ha sido
individual y una interacción reducida al compañero sentado a su lado en clase, para el caso del curso
Balanced Scorecard, compuesto por 14 estudiantes. Asimismo, la interacción entre alumnos depende de
otros criterios de los mencionados, tales como el estatus laboral y la edad de los estudiantes.
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Asimismo, en función de los hechos y las relaciones descritas, se proponen acciones que permitan
mejorar el nivel de involucramiento del estudiante con la universidad:
Propiciar la participación espontánea del estudiante en los procesos, que les facilite el desempeño
grupal e individual a lo largo del período académico. Asimismo, crear condiciones para la
autoevaluación crítica del estudiante y la de sus compañeros.
Formular tareas que involucren a los estudiantes de manera dinámica y creativa a la solución de
problemáticas del contexto económico y social, y así fortalecer sus habilidades de búsqueda e
investigación.
Indagar sobre el estado de salud del estudiante, si posee algún tipo de discapacidad o sobre el
comportamiento de sus relaciones interpersonales, a fin de brindar un tratamiento específico según
problemáticas presentadas.
Desarrollar una metodología de clase interactiva, que estimule la participación continua del
estudiante y se conforme de actividades diversas que mantengan su atención.
Diseñar actividades que estimulen la específica participación de los estudiantes que trabajan en
áreas afines al curso, para aprovechar la experiencia laboral como ejemplos reales que aporten al
contenido de la materia.
Generar actividades asíncronas, tales como tutorías, casos de estudio, que permitan involucrar de
mayor manera a los estudiantes quienes por razones de trabajo no asisten a todas las clases,
apropiarse de sus contenidos, reforzar y compartir.
Incentivar la transmisión en el entorno universitario, por parte del estudiante, de sus buenas
prácticas en la comunidad, tanto individuales como grupales.
Asistir y participar activamente en las actividades planificadas en el entorno universitario, lo que
le provee de una riqueza y experiencia que lo distingue del rol pasivo docente.
CONCLUSIONES
Los estudiantes universitarios convergen en un entorno de aprendizaje que les exige un cúmulo de
demandas a las cuales se enfrentan con más o menos herramientas académicas y psicológicas, de cuya
aplicación dependen sus resultados educativos.
Dentro del aula de clase, el comportamiento de cada estudiante es determinante para comprender
tanto los contenidos impartidos por su docente, como las asignaciones que debe desarrollar una vez culmine
la jornada. Si el estudiante presta atención a la clase, aclara con su profesor(a) cualquier duda que se le
presente y hace un adecuado uso de su tiempo cuando se dispone a realizar sus respectivos deberes, es muy
probable tener resultados favorables al terminar su período académico.
Bajo dicho contexto, cada uno de los estudiantes objeto de esta investigación, posee necesidades
de aprendizaje que muchas veces llegan a ser desatendidas, por causas que obedecen en gran parte al
carácter estándar del proceso de enseñanza.
Estas necesidades están dadas, tanto por la edad que tenga el estudiante, su estatus laboral, el nivel
de atención y retención, disposición a asistir, participar y permanecer en la clase, así como a comunicarse
con profesores y compañeros de aula, además del tipo de asignatura que se les esté impartiendo (teórico,
práctica, mixta).
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Al observar esos aspectos, se evidenció que los estudiantes asumen conductas que les permiten
atender más o menos a la clase, en función de su edad, la forma en que se relacionan con el resto de sus
compañeros dentro del aula, la hora en que se impartió y demás elementos externos con los que se relaciona.
Aunado a ello, la participación del estudiante en la clase está directamente motivada al incentivo que pueda
recibir. En cuanto a las calificaciones, la gran mayoría de los estudiantes obtuvieron promedios nimos
requeridos para aprobar los cursos. Los espacios de interacción alumno docente, dependen del tipo de
materia, debido a que se incrementan si esta tiene un mayor componente práctico, como es el caso de
Microeconomía. Por su parte, la interacción entre estudiantes, se caracteriza por su predilección por realizar
todas sus actividades en grupo, su edad y estatus laboral.
Si bien en esta investigación se llevó a cabo una indagación sobre la percepción y comportamiento
del estudiante de Administración de Empresas a lo largo del desarrollo de tres asignaturas, no se contempló
así el desempeño de la docente, puesto que su intervención fue en calidad de observadora.
Se hace imperante la búsqueda permanente de mejores e innovadores métodos de aprendizaje que
garanticen la presencia, involucramiento y entendimiento del futuro graduado en estudios de
Administración dentro del sistema educativo.
Es por ello pertinente, para futuras investigaciones, contrastar el comportamiento del estudiante con la
práctica del docente a lo largo del curso. Se propone así, la continuación de este tipo de investigaciones,
esta vez con la incorporación de herramientas estadísticas que permitan por ejemplo, realizar correlaciones
entre variables de estudios como la edad y el nivel de atención en la clase, la atención en clase y las
actividades propuestas por el docente, el estatus laboral del estudiante y la asistencia, entre otras.
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