
M. Varela / Journal Business Science 4 (2023) 95 - 108
Facultad de Ciencias Administrativas, Contables y Comercio. Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí. Manta, Ecuador.
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En las últimas décadas, y conforme se recrudece la situación económica a nivel global, la
experiencia universitaria es compartida con la laboral, ya sea con ocupaciones que no están relacionadas
con la carrera en estudio, o con empleos que permitan al estudiante comenzar su trayectoria profesional.
Esta condición laboral, incide en el desempeño académico del estudiante, pues aunque amplía sus
oportunidades de trabajo futuras, en muchos casos tiende a limitar su rendimiento. Por otro lado, el contexto
de inestabilidad económica y crisis social genera en el estudiante una creciente incertidumbre sobre el futuro
post universidad, aunado a un sentimiento de deseperanza (Barragán, 2020).
De esta manera, frente a las crisis económicas y sociales, la universidad se presenta ante el
estudiante como un espacio aprovechable para desarrollar potencialidades, construir proyectos, generar
ideas, buscar alternativas de solución o incluso refugiarse del caos externo. Ya que “(…) es su tarea
apropiarse de lugares que se convierten en el centro de sus vidas” (Barragán, 2020, p. 162).
Por su parte, Lay-Hwa-Bowden, Tickle y Naumann (2021), estudian la experiencia del estudiante
de tercer nivel (pre-grado) dentro de la universidad, con énfasis en el compromiso de este con la institución
en la que estudia. Para ello, parte de la noción histórica de medición de la experiencia, basada en enfoques
pedagógicos, prácticas educativas y evaluaciones por parte de los estudiantes hacia la práctica docente, con
el fin de proporcionar a la institución universitaria, información acerca de la experiencia del estudiante,
como una medida de cumplimiento de sus expectativas.
Es así como los autores entienden el compromiso de los estudiantes como un conjunto de
interacciones realizadas por un ecosistema integrado no solo por los alumnos, sino también por los
profesores, el personal de apoyo, otras instituciones, que contribuyen con la creación de las experiencias
del estudiante. El compromiso implica esfuerzo, persistencia, concentración, atención, consideración, así
como el manejo de respuestas emocionales como interés, felicidad, tristeza, aburrimiento, ansiedad, es
decir, el manejo de dimensiones cognitivas, sociales, emocionales y conductuales (Lay-Hwa-Bowden et.
al., 2021).
Del lado de la institución universitaria, su intervención en el entorno del estudiante es clave para
la generación de compromiso por parte del alumno, por lo que se espera de ellas la generación de
condiciones para la interacción y participación del estudiante en la dinámica universitaria, el “diseño de
experiencia” (Lay-Hwa-Bowden et. al., 2021, p. 1221).
Necesidades y debilidades de los sistemas de aprendizaje
Dada la existencia “de millones de estudiantes universitarios, provenientes de diferentes
experiencias formativas previas, antecedentes familiares y comunitarios, así como supuestos y expectativas
respecto a la formación superior, lo que implica una diversidad enorme (…) [surge] de ahí la necesidad de
comprender a los estudiantes como grupo y como individuos” (Silas, 2021, p. 8).
Sin embargo, la gran mayoría de producciones científicas relacionadas con el estudiante
universitario, provienen principalmente de Estados Unidos y el resto de Norteamérica, por lo que impera la
necesidad de realizar más estudios sólidos en la materia, en América Latina. De esta manera se podría
reforzar la comprensión del vínculo entre los estudiantes y estos sistemas universitarios, “(…) lo que de
entrada es positivo; sin embargo, se queda corto en favorecer la comprensión de las sutilezas y
peculiaridades de funcionamiento de instituciones homólogas en otras latitudes” (Silas, 2021, p. 8).